Jardín... primer día

Los niños son inherentemente vulnerables, sin embargo a la vez son fuertes en su determinación a sobrevivir y crecer.

Radke—Yarrow y Sherman

 
¡Toda una aventura!
 
Pero el iluminador del teatro debe saber mover el foco ¿no creen?
Y así van apareciendo los distintos personajes: el niño, la mamá, su papi, los abuelos, sus hermanos.
¡Qué movida familiar!!!
La separación, otros escenarios, ir adquiriendo independencia, siempre y cuando se le habilite, brindándole seguridad, confianza, saber que cuando salga lo estarán esperando.
No es extraño que al principio se resista a quedarse, que se muestre más aniñado, llore, y a nosotros también nos cueste irnos, dejarlo. En cierta medida la ansiedad es comprensible, y las fantasías hacen sus travesuras, imaginando quien sabe que.
A veces somos un  proyector y ponemos en los objetos, las situaciones, las personas aquello que nos atemoriza. El destino de nuestros niños, su historia, su prehistoria, queda muchas veces preso de una red muy complicada de deseos, prohibiciones, expectativas.
 
La adaptación que se les pide es considerable. Tienen que cooperar y competir a la vez. Otro tablero y ahí ¿Cómo me muevo? 
Deben controlar su autoafirmación y sin perder la aceptación de los demás, poder seguir siendo ellos mismos.
 
Y cuándo no estoy ¿qué pasa en casa?
 
Debería evitarse que la entrada al jardín coincida con algún acontecimiento importante de su vida como  la llegada de un hermanito, una mudanza, la pérdida de un familiar.  Apelar a factores de protección, catalizadores, recursos de cada quien, individuales pero también ambientales
 
¿Cómo prepararnos para el cambio?
 
Es un proceso no una mutación,  aunque se trate de un momento culminante en lo que atañe a la separación, de ahí que importa y mucho como se fueron transitando las distintas etapas, en el vínculo madre, padre, niño, la dinámica de esa familia en particular.
Una suerte de despegue, carretear, levantar vuelo, casi como gatear y empezar a caminar.
Nos da cuenta del paso del tiempo...“el más chiquito ya va a la guardería”
La casa queda vacía …hasta el perro extraña…
La adaptación tiene sus tiempos que son muy propios, es un ir desenvolviendo despacito el hilo de nuestra cometa y siempre poder sostenerla en ese “va.i ven”.
Esperarlos, recibir y poder tolerar su desasosiego, estar disponibles, respetar su silencio.
 
Nosotros también dibujamos el cole,  lo coloreamos con nuestras historias, una visita al lugar resulta facilitadora para todos, hacer de este ambiente ajeno algo propio, escuchar y oir otras voces, volverlo familiar, confiable. La maestra ya tiene cara, conozco su voz, y sus manos me regalaron una caricia…
 
Un lugarcito para charlar,
Donde pueda emerger una inquietud,  una pregunta, ponerla en palabras  sin ser intrusivo. Dejar que cuenten, se cuenten, nos cuenten, poder jugar y jugarse. En la medida en que se establezca la comunicación se irá afianzando la confianza siempre que no se apele a tapujos y se haga con honestidad.
 
No se trata de satisfacer todas las necesidades de nuestro hijo, sino de mantener un espacio de ilusión para que él siga buscando. Más bien estar allí, riendo con lo que vamos encontrando, arropando sus miedos, dejándolos irse haciendo ellos mismos,...despertar la mañana del mañana...
 
Uno se va haciendo como padre, madre, en la marcha y apelando a sus vivencias de hijo, esos recuerdos que se van desperezando a medida que las situaciones lo van requiriendo. Somos artesanos donde esa arcilla pensante se va conformando en la relación intersubjetiva, en un entonamiento mutuo que solo los ejecutantes conocen creando su propia música por lo que sería inoportuno desde nuestro lugar ofrecer fórmulas, privando de esta manera a los padres de una función que les pertenece y que solo ellos son capaces de ejercer. 
 
¿Y porqué elegí jardín y no guardería?
Los que plantan sufren con las tempestades, estaciones y raramente descansan. El jardín jamás deja de crecer. Y, al mismo tiempo que exige la atención del jardinero, también permite que para él, la vida sea una gran aventura.
 
Lic. Liliana Saibene
Tel.: 600 41 04 
liliana.saibene@gmail.com
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