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Think on your feet
Los norteamericanos lo llaman “think on your feet”, animarse a pasar de nuevo en una suerte de flashback lo que se hizo, “verse”, y también mostrarse, no en una instantánea coagulada, sino en la acción, ser protagonista y espectador, rescatando lo que se siente ahora y en ese momento. Significa resolver los problemas espontáneamente, no de forma impulsiva, pero sí habilitados por nuestra propia experiencia capitalizada. Tampoco se trata de reeditarla excluyendo lo nuevo de cada situación particular. Podríamos tomar la imagen del tenista, que jugando debe tomar decisiones en el momento, o el conductor, que sin obviar sus conocimientos tiene que rápidamente adecuarlos a lo que se le presenta, evaluado las variables en juego, que lo sorprenden aunque no deben anular su capacidad para reaccionar y decidir que hacer. Se trata de ”traducer,”…que palabrita se coló, una conjunción entre hacer y traducir, quería decir traducir los pensamientos, las ideas en palabras o en una acción concreta, con confianza y persuasión así como credibilidad.
Al presentar la información, dar una opinión, o sugerencia, tenemos que estar seguros de que sabemos de que estamos hablando. Eso no significa que debamos saber todo de todo, pero sí preparados para enfrentar las situaciones que pueden ponernos bajo presión conociendo nuestras estrategias y formas de tranquilizarnos. Aquí algunas sugerencias: Técnicas de relajación. Aprender a escuchar. Es fundamental ya que de esa forma, nos damos la oportunidad de saber y entender que nos están pidiendo antes de responder, darnos el tiempo para escucharnos. Así no actuamos en el circuito estímulo reacción que puede llegar a ser muy peligroso, mirar directamente al interlocutor, tener en cuenta su lenguaje corporal, sus intenciones. Podemos incluso pedir que nos repitan la pregunta, o hacerlo nosotros mismos. reformularla. Usar el silencio para nuestro beneficio. Reflexionar, poner en marcha nuestro reloj de arena, ese icono que muy a menudo tenemos olvidado. Estar atentos al tipo de información que damos, no debe ser demasiado escueta ya que favoreceríamos de ese modo un estilo de conversación tipo interrogatorio. Ni tampoco muy extensa pues de esa forma corremos el riesgo de aburrir al interlocutor. Si no sabemos la respuesta debemos aceptarlo, tolerar la “tormenta de ideas“, que pueden desencadenar algunas preguntas, ya que resultan sumamente productivas. Armar situaciones artificiales donde podamos practicar adelantándonos a lo que deberemos enfrentar. El “como” decimos las cosas es tan importante como lo que decimos. Hablar con una voz segura, con pausas, enfatizar lo que queremos se haga figura, variar nuestro tono de voz, que no sea un discurso monocorde y aburrido, estando siempre atentos a las reacciones del interlocutor que nos van brujulando el camino. Siempre adecuarnos a la situación en que nos encontramos, aplicando la formalidad acorde a la misma. Esencialmente lo que cuenta es estar parados en nuestros pies, darnos sostén, dominar la situación con soltura y solvencia, hacernos dueños de nosotros mismos y nuestras acciones en forma inteligente, eficaz, pero sin perder el compromiso afectivo. Algo así como improvisar, pero desde ese “sabido no pensado“ reservorio de cada quien que se pone en juego aún sin proponérnoslo, estando realmente en el momento, comprometidos con lo que está sucediendo.
Reflexión en la acción, sentir, observar, y reconocer lo que estamos haciendo, luego aprender de eso que sentimos, observamos y reconocemos, para finalmente, con inteligencia, e incluso intuitivamente, ajustar nuestra práctica. Les propongo que nos cuenten de su quehacer, esas anécdotas de lo cotidiano de su tarea, que sienten, sus miedos, angustias, esos paisajes que se recrean, la bronca, impotencia, el desespero, también la alegría, los logros, y sobre todo “eso” que sin proponérselo conscientemente se dio y fue algo que mejoró la expectativa que tenían acerca de ese hecho en particular, o aquello “otro” que fue una especie de gol en contra. ¿Qué pensás de lo que hiciste y cómo te sentiste tu con lo que hiciste? ¿Cómo podemos aprender de la experiencia? Emde decía “relaciones para cambiar relaciones”, jerarquizando lo interactivo del encuentro, único e irrepetible, y sin embargo sembrador de futuro.
Lic. Liliana Saibene
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