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Otras geografías
El ciberespacio hace abolir las fronteras, si bien vivimos físicamente en un país, podemos simultáneamente estar en tantos lugares. Ahora somos “netizens “ y pasamos a ser ciudadanos del mundo.
Se crean comunidades, que comparten información, sentimientos, afianzando un sentido de pertenencia, buscando seguridad, estabilidad, exorcizando las pérdidas, muchas veces modelando certezas discursivas.
Es la “telecittá “de Virilio, donde la humanidad unida se transforma en una humanidad reducida a la uniformidad.
Sin embargo no se trata de sustituir una realidad por otra, sino hacerlas jugar y potenciarse, serán necesarias nuevas formas de navegación mental para orientarse en esos laberintos de información en constante regeneración. Hay que saber luchar contra la deriva inherente a las travesías largas, poder alcanzar el destino del viaje.
¿Qué pasa con las identidades?
¿Quien es ese que se nombra con un Nick, ese “avatar”, se describe a su capricho,? y nosotros ¿cómo lo vestimos con nuestras fantasías?
Fábrica de ilusiones en continua mutación, camaleónicas formas, persona, personaje, en ese lugar del “como si”, que crea un clima de pseudo intimidad habilitando el exhibicionismo afectivo, las confesiones que intentan un encuentro, contacto, aparentemente no riesgoso.
Cuanto menos se conoce al otro, más confidencias se hacen.
El anonimato, o más bien el apoderarse de un personaje, habilita a embarcarse en una aventura, permite vivir otras vidas, pintar tantos paisajes.
Por un ratito somos quien sabe quien en esa inmediatez del barrio digital que nos deja otroarnos.
Suerte de carnaval donde las máscaras protegen nuestra identidad, dejan prosperar la fantasía en un tiempo sin tiempo porque allí, la edad ya no cuenta.
Y mientras tanto, fuera de la pantalla, la vida sigue, pero el “tren” corre raudo, y sin embargo parece tan quieto.
Aislados en el vagón, poco a poco el mundo compartido, va perdiendo sus bordes, su sentido, sus siluetas se desdibujan.
La soledad campea, y ha experimentado una profunda transformación. Dicen que es uno de los males de nuestro siglo y frente a esto se da la necesidad imperiosa de crear nuevos vínculos y comunicación. Solo se la entiende en un aspecto negativo como un fracaso relacional y no como elección, producto de la capacidad de estar a solas con uno mismo.
Así prosperan las páginas de encuentros donde se prometen hacer realidad tantas ilusiones, especialmente compañía y escucha. Alguien me decía ”Utilizo estos canales para sujetarme, frenan la caída libre del silencio...”
Estamos en Red, y esto me remite a red de circo, pero también a quedar atrapados, pescados, aunque en otros sentidos puede funcionar como antídoto eficaz cuando se trata de estas migraciones masivas, donde nos vemos forzados a alejarnos de quienes tanto queremos y necesitamos.
Esa inmediatez del chat, poder compartir un chiste, el cafecito, un asado, acompasarnos con los cambios de nuestro nieto que se despereza a miles de kilómetros de distancia y sin embargo forma parte de nuestro paisaje.
¿Nueva forma de supervivencia?
¿Producto a consumir?
¿Omnipotencia?
¿Fascinación?
¿Recurso mítico?
Una señal de alerta que deberíamos atender es al caudal inconmensurable de información que se ofrece, y entonces ¿cómo metabolizarlo?.
El hipertexto, ventanas y ventanas que se abren cerrando muchas veces nuestra posibilidad de realmente buscar, encontrar lo que necesitamos.
Salto de un archivo a otro, mientras chateo, chequeo los mails, abro las fotos, preparo la presentación de una charla en power point y mientras ajusto la camarita, bajo el último de Serrat.
Las coordenadas cambian y los puntos cardinales se vuelven tantos, vértigo, velocidad.
¿Y si se/me tildo?
¿Cómo pensar la concentración?
Es un tema muy complejo imposible de agotar en un artículo, ya que permanentemente surgen preguntas, y nuevos tópicos a tratar. como por ejemplo:
- Otros espacios lúdicos
- Juegos online
- Brecha intergeneracional, ese saber infantil vedado a los padres
- ¿Videojuegos o deporte?, ¿Por qué esa dicotomía?
- El cyber como lugar de encuentro, su efecto socializante
De alguna manera, al escribir el artículo me sucede algo parecido a la navegación por Internet, ¡¡¡se abren tantas pantallas!!! que hacen que la escritura resulte laberíntica, en un texto en permanente rudimento, quería decir urdimento, como un tejido que se hace, se traba a si mismo, se deshace, y resulta una alerta para darnos cuenta como esa forma de funcionamiento se cuela en nuestras vidas y nuestro accionar cotidiano.
Lic. Liliana Saibene Di Bello
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