Recordis

Son aquellas pequeñas cosas
Que nos habitan
Que nos conforman
Texturas, huellas, sonidos, aromas, impresiones, siluetas,
Ni siquiera claramente conocibles
Atesoradas, esquivas...
Escritas  en un idioma personal
A veces en nuestro cuerpo
Memoria de carne que nos catapulta a la prehistoria.

“Recordis” en latín quiere decir volver a pasar por el corazón. Pero nuestro trajinar diario los deja fuera de la pantalla, sin embargo ellos saben colarse por cualquier rendija y así de repente se nos aparecen.
Son los recuerdos,que se sienten convocados por el aroma de un perfume, un ruido, una situación, un comentario. Salen de un tiempo sin tiempo, intactos, frescos, sin el deterioro de las agujas del reloj.

Ciertos objetos, como llaves abren puertas que conducen a una rica e intensa experiencia que nos va conformando como nosotros mismos, irrepetibles, individuos con una historia almacenada, intacta  incluso antes del acceso a  la palabra. Surgen, y tienen una capacidad transformacional, muy necesaria en momentos difíciles. Son evocadores, al traer contenidos latentes.

El uso de un objeto nos afecta de una manera congruente con su carácter, conformando una experiencia interna singular. Tienen nombre y son parte de un orden simbólico, por lo cual en cualquier momento que los usemos se sumarán a otros significantes y los evocarán.
Son formas de expresión como la palabra. La propia selección “dice”.

Las personas mayores apelan a sus refugios infantiles, sus recuerdos, y en ese mundo intermedio se reconstruyen. De ahí la importancia de compartir con sus pares por ejemplo acontecimientos de su época, nomenclatura de las calles, negocios, tiendas, costumbres, de la vida cotidiana en aquel entonces.
Los invito a tomar el día como un espacio potencial.
Pero muchos no pueden hacerlo, la persona ansiosa no se detiene, corre y corre, ni se permite un momento de sosiego para descubrir todo eso que está entre bambalinas, pero paradojalmente al alcance.
¿Se acuerdan de aquella pizarra donde escribíamos y después pasábamos una madera y se borraba todo?
Sin embargo a pesar de que aparecía vacía, esos registros quedaban impresos. Las agendas, tratamos de anotar, tal vez para dejar lugar en nuestras mentes, algo así como una materialización de la memoria que de ordinario llevamos invisible.
El libro de la arena, ese de incontables hojas, y cuando nos ponemos a buscar, intencionalmente se nos esconden los recuerdos, o saltan como una pelotita de ping pong.

El pizarrón, llega un momento que se llena, ya no hay más espacio y tenemos que borrar para hacer sitio a lo nuevo.
La cámara fotográfica, inmortaliza momentos. La foto me anima y yo la animo. Pensemos en el que la saca, el objetivo, la impregnación en la película, el negativo, el revelado, en esa cámara oscura. Repite mecánicamente lo que nunca podrá ser reproducido existencialmente, Ya Heráclito decía: “Nunca pasamos dos veces por el mismo río...”
Ahora con los archivos de la  computadora, guardamos, borramos, queda en la papelera de reciclaje, o las tarjetas de memoria, que podemos trasladar, pintando tantos paisajes con esos instantes vividos.

También un juego que hacía una niña el otro día: ponía debajo de una hoja una figura con cierto relieve y pasaba con fuerza el lápiz por encima, así lograba que la silueta se fuera dibujando, y lo que estaba oculto aparecía. En otro espacio, ahí frente a sus ojos, ¿presencia de una ausencia?...
El Palimpsesto es un manuscrito cuyo contenido ha sido borrado para ser reutilizado y sobreescribir sobre él un nuevo texto. El más conocido es el llamado Palimpsesto de Arquímedes.

Pendulamos entonces entre el olvido y el recuerdo, y ¿cuántas cosas queremos hacer desaparecer?
Algo así como el sol en el atardecer de la memoria.
Recuerdo algo que leí “Memorias de una geisha”: "Me siento agradecida que el viento fiero aparte mi pensamiento de las cosas que me preocupan, el mar violento, las olas que me abrazan. Es la vida una tormenta que constantemente limpia aquello que estuvo allí solo un momento antes... Un escape, a otro espacio sin fin...”
El autor comenta: ”cuando alguien escribe sus memorias, su autobiografía, es como preguntarle a un conejo cómo es eso, cómo se ve él saltando por el campo. ¿Cómo podría saberlo? Si quieren conocer acerca del campo, por otro lado, nadie está en mejor circunstancia de decírnoslo, mientras tengamos en cuenta  que vamos a perder todas aquellas cosas que el conejo no estaba en posibilidad de observar...”

Pero la mente aviesa polizona viaja sin boleto... hábil arquitecta, construye, reforma, hace malabares... Hasta barre los gritos con pinceladas de olvido.
¡Qué fantástica fauna la de nuestros recuerdos…! Sirenas, minotauros, pegasos, seres crisolados  que me traen un cuento:  donde un ser muy extraño se conformaba con la melena de un león, la cola de un pavo real, y sus alas de águila. Sin embargo la mirada tierna de un conejo a la vez esquivo y atento, que sabe saborear maravillas.
 
La historia oficial, y las otras. Ese deseo de poner orden, secuenciar, gestas racionalistas con pretensiones de verdad.
Aparece la ventolera, arremolina las hojas, vuelan, planean, y se van mostrando caprichosamente.
Alguien decía: ”yo fabulaba a veces, en particular cuando trataba de hablar de mi pasado...”
Qué tal si los convocamos tiramos del hilito, o nos zambullimos, aunque de repente están ahí nomás arriba de la mesita de luz, o en un retazo de tela que por casualidad arreglando el placar saltó a nuestras manos... Esos fantasmas escurridizos que se arropan en nuestros sueños y en los acantilados del inconsciente.

En Mexico hay un museo del “Huipil” donde se exhiben telas de memoria, recuerdos, vida impresa, bordada, en esos trajes que las mujeres iban poblando a lo largo de su vida y que contenían los acontecimientos significativos para cada una de ellas.
De pronto aquí ustedes pueden ir dando las puntadas, y van apareciendo los paisajes... abismos insondables, galaxias de sueños, potros de pensamientos salvajes, indomables tormentas de odio, amores imposibles, nacimiento, muerte, fracaso, misterio de lo indecible…


Lic. Liliana Saibene Di Bello
Tel.: 6004104
liliana.saibene@gmail.com

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