Carta a una empleada pública

Material extraído del libro: “Cartas que nunca envié” de la autoría de Hugo Píriz

Hola, ¿cómo estás?

No te vas a acordar de mí… es tanta la gente que pasa a diario por la oficina en la que trabajas que seguro habré sido un rostro más, o un trámite más.

Te escribo para pedirte disculpas. Lo que pasa es que “me pesa” tener que ir a una oficina pública. Llevo muchas horas innecesariamente perdidas en trámites, especialmente en el ente en el que trabajas.

Te pido disculpas por haberte mirado mal y por haber pensado mal de ti. Es que, estabas allí conversando con una usuaria, el tiempo pasaba y no llamaban al número siguiente. Cuando afiné el oído para escuchar el tema de conversación estaban hablando de “flores y pajaritos.” Me produjo ira. No era posible. Éramos cerca de veinte personas esperando y tú, en lugar de agilizar el proceso del trámite te ocupabas de una charla trivial.

El tiempo fue trascurriendo y fui descubriendo qué era lo que en realidad estaba pasando. Observé que una compañera tuya venía con papeles y volvía a irse. Eso sucedió como tres veces, en un lapso de unos veinte minutos por lo menos. Descubrí que en tu blusa colgaba (medio oculto) un cartelito que decía “Entrenamiento” y mi sorpresa mayor fue cuando tu compañera finalmente terminó el trámite y llamó al número siguiente. Cuando llegó mi turno pude constatar que el trámite anterior había sido muy complejo, que era tu compañera la funcionaria y que tú estabas en pleno proceso de aprendizaje. “¡Tierra trágame!” me dije… y me sentí avergonzado por todo lo que había pensado en vano.

Estuve cavilando el resto del día sobre este asunto. Pensé en la facilidad que tenemos los seres humanos de equivocarnos. Es cierto que los empleados públicos no gozan de buena reputación, pero también es cierto que no todos “están en la misma bolsa”. Y los usuarios tenemos la costumbre o facilidad de opinar sin darnos cuenta que hay una realidad específica que no estamos viendo.

Lo otro que pensé es la concepción del trabajo que tenemos. Para muchas personas es como un “mal necesario” o como un “castigo”. Por lo tanto, no disfrutamos de uno de los asuntos de vida que podemos vivir intensamente. Disfrutar al punto que pueda transformarse en un elemento que nos promueva una vida plena. Porque del otro lado del trabajo hay un ser humano al que nos debemos y que tenemos la posibilidad de servir. ¡Cuánto nos perdemos por no tener esta concepción de vida! El trabajo como un vehículo de realización personal, pero también de servicio.

En fin, ¿qué habrá sucedido en los seres humanos para que padezcamos el trabajo?... y hagamos que el otro esté más lejos y de esa manera perdernos la posibilidad de afectos, reconocimientos, etc.

Te deseo una buena capacitación y buena gestión a la hora de ser titular en tu tarea. Renuevo mi solicitud de disculpas.

 

Prof. Hugo Píriz
Docente de Ética Profesional
Curso Secretariado Ejecutivo
Universitario Crandon

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